EL ESPÍRITU SANTO CONSUELA.

¿ Se ha sentido alguna vez destrozado por las preocupaciones de la vida ? ¿ Le ha parecido que está a punto de derrumbarse, pero entonces ha escuchado las afectuosas palabras de consuelo de parientes o amigos íntimos a quienes quiere ? El consuelo es como el aceite que se echa en las heridas y da una valentía renovada.

Con todo, el consuelo humano tiene sus límites. Hay un "pozo sin fondo" de desespero donde no puede llegar ese consuelo humano; hay momentos en que sólo Dios nos puede alcanzar.

Antes de salir de este mundo, Jesús les prometió a aquellos discípulos angustiados, intranquilos y deprimidos: " No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros " ( Juan 14,18). Mientras él se hallaba con sus discípulos, no era solamente su Señor que no les podía fallar; era el Consolador que los cuidaba. Les conseguía alimentos, los sanaba y los mantenía libres de los ataques del enemigo. Por eso, cuando los iba a dejar, los discípulos se sentían como huérfanos desconsolados. No comprendían su promesa: " Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre " ( Juan 14,16). Es aquí donde el Espíritu Santo recibe el título de Consolador.

En el día de Pentecostés, todos los discípulos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según él les daba que

hablasen. Después de haber experimentado este maravilloso incidente, sus corazones se llenaron de consuelo, paz y valentía. El Espíritu Santo, el Consolador, estaba dentro de ellos.

A partir de aquel día, sus corazones se pudieron sobreponer a toda sensación de soledad o de tristeza, de opresión o de desesperación, a pesar de que fueron insultados, golpeados y arrojados en prisiones. El Espíritu Santo estaba con ellos, proporcionándoles el inacable consuelo de Dios. Eran capaces de alabar a Dios, aun en medio de las tribulaciones y las aflicciones.

¿ Cómo pudo Esteban, el primero de los mártires, tener fe suficiente para bendecir a sus asesinos, en lugar de maldecirlos ? Porque su corazón estaba lleno de consuelo. ¿ Cómo pudieron Pablo y Silas, golpeados, hambrientos y atados con grilletes en una prisión de Filipos, comenzar a cantar alabanzas en la medianoche al Señor ? Porque tenían el corazón desbordado con el consuelo del Espíritu Santo. ¿ Recuerda el resto la historia ? Dios respondió a las alabanzas y oraciones de Pablo y Silas, y causó un terremoto que sacudió los cimientos de la prisión, abriendo de par en par todas las puertas. Sus ataduras se soltaron, y recibieron libertad. Al llegar la mañana, la familia del carcelero de la prisión era ya salva. El Espíritu Santo vino a darles un profundo consuelo a aquellas almas desgarradas y heridas.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén