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AVIVAMIENTO EN GALES.

Número 8

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AVIVAMIENTO EN GALES (1904-1905)

Las cantinas están vacías, están sufriendo como negocios a tal punto que algunos han tenido que cerrar sus puertas por falta de bebedores. La policía, en algunos pueblos, está inactiva y se juntan para cantar en las iglesias los coros varoniles. En las minas, la relación entre empleado y jefe es mucho más armonioso. Hay hogares restaurados, alcohólicos liberados e iglesias de todas las denominaciones oran y trabajan juntas. Deudas viejas son pagadas; los celos desaparecen; peleas familiares y eclesíasticas son olvidadas; borrachos empedernidos y pugilistas oran y dan testimonios en los cultos; todas las noches las iglesias se llenan; todas las denominaciones se han unido y cooperan como un solo cuerpo. El renombre del avivamiento atrae periodistas y visitas de otros países que quieren ver por sí mismos lo que Dios está haciendo en Gales. La vida de la comunidad está marcada por el avivamiento. Las tiendas se cierran temprano para que su personal pueda asistir a las reuniones. Hombres y mujeres llegan en su ropa de trabajo a las iglesias. En cada reunión se enfatiza mucho la necesidad de arreglar cuentas con Dios, se cantan himnos en forma gloriosa, y se da testimonio de lo que Dios está haciendo en las vidas de cada uno.

AVIVAMIENTO EN COREA (1907)

Al llegar a Pyongyang recibimos la noticia de que Dios ha visitado a su pueblo en una forma especial. Uno de los ancianos de la Iglesia se levanta, sube al púlpito y confiesa "soy culpable de pelear contra Dios. Aunque soy anciano de la Iglesia, soy culpable de odiar a los hermanos" . Al pedir perdón, parece que el techo se levanta y el Espíritu de Dios desciende grandiosamente con una avalancha de poder. Todos están orando al Santo Dios. Algunos lo hacen con sus manos hacia arriba, otros postrados en el piso. Cada uno pierde conciencia de los demás. Todos están cara a cara con Dios.

Un hermano confiesa que asesinó a un hombre y cae inconsciente ante el altar. La intensidad de la obra de convicción del Espíritu de Dios le minó todas sus fuerzas. En situaciones normales, no sería aconsejable confesarse públicamente en la Iglesia, pero en esta situación ningún poder en la tierra podría pararlo.

Durante los siguientes meses, la llama del avivamiento se dio por Corea. Hubo arrepentimiento y,donde fue posible, retribución. En las ciudades, los hombres iban de casa en casa confesando, devolviendo algún artículo robado. En Pyonyang, un negociante chino se sorprendió cuando un creyente entró en su tienda para pagarle una suma de dinero que había adquirido injustamente años antes.

El énfasis de este avivamiento fue penitencial.

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