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SANANDO LAS HERIDAS DEL CORAZÓN

Número 42

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LEEMOS EN EL SALMO 147,3 " ÉL SANA A LOS QUE TIENEN ROTO EL CORAZÓN, Y LES VENDA LAS HERIDAS".

Jesucristo quiere sanar el área interna de cada persona. Todos hemos tenido tiempos cuando pensamos que no fuimos comprendidos; quizás hemos sentido que nuestro compañero nos falló; quizás en la lejana niñez un maestro nos criticó injustamente. Tal vez usted nació en una familia que nunca lo deseó ni lo amó. Usted pudo haber sido del otro sexo y creció sintiendo la decepción de sus padres porque no fue el "hombre " que deseaban o la "mujer" que esperaban. Se crió en un hogar donde habían pleitos constantemente. ¿Fue uno de sus padres alcohólicos? Usted puede necesitar sanidad interior porque se burlaron de usted cuando era niño-a por su estatura , su apariencia, su raza, su pobreza.

Usted pudo haber perdido a uno de sus padres por la muerte o fue separado de sus padres por enfermedad y sintió soledad y rechazo. Muchos niños son golpeados o molestados y crecen con terror y horror de esta injusticia. Si no sintió amor cuando era niño-a , no puede mostrarle amor a otros, y no se puede amar a si mismo.

Satanás guarda un archivo de nuestras debilidades, nuestros fracasos, nuestras vergüenzas, nuestros temores. Nos sigue recordando que no podemos perdonar a quien nos lastimó. Es un mentiroso.

Recuerdo el caso de un joven de 16 años que sentía ira y no podía perdonar a su madre porque ella se había suicidado. El mismo no solo estaba lleno de resentimiento, sino también de tristeza, de soledad y de enojo. Más cuando pidió perdón por esas emociones negativas, cuando dijo : " YO PERDONO A MI MADRE", fue liberado por completo.

Otra historia que recuerdo, fue la de una madre cuyo hijo fue trágicamente quemado hasta la muerte. Dios sanó su corazón quebrantado. Hasta le dio una visión celestial. Esta hermosa visión vino después que ella le pidió a Dios que le perdonara por su amargura hacia Él, por haber permitido que su hijo muriera. Dios le dio una visión de Jesús y su hijo caminando de la mano. Su hijo estaba completamente sano y perfecto. Los efectos terribles de las quemaduras habían desaparecido. En su visión del cielo ella vio árboles hermosos, de un color verde indescriptible, flores exquisitas y aguas cristalinas de un azul brillante. Dios sanó el corazón quebrantado de esta madre y los recuerdos dolorosos de la hermanita de ocho años que había visto a su hermano en llamas de la cintura hacia arriba.

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