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LA HISTORIA REAL DE UN NIÑO MUY POBRE QUE SE CONVIRTIÓ EN MILLONARIO

Número 6

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Su apellido es " COLGATE ". Su nombre es "WILLIAM ". Era un niño muy pobre.

Se ganaba la vida recorriendo las calles vendiendo jabones, con una caja de madera colgada al cuello. Con el producto de sus ventas ayudaba a su madre viuda, y colaboraba para la educación de su hermanita.

Un día, durante un aguacero, entró a una iglesia, y oyó que un predicador narraba la historia de Jacob. Cómo, éste muy joven, y huyendo de su hermano Esaú, se hallaba tan pobre que tenía que dormir debajo de un árbol. Y el Señor se le apareció para prometerle que lo ayudaría toda su vida. Jacob al despertar se arrodilló y juró: " Oh Dios mío, si cumples lo que me has prometido y me sacas de esta pobreza, te prometo que durante toda mi vida te daré la décima parte de todo lo que gane " ( Génesis 28,22). Y Dios ayudó tanto a Jacob que éste llegó a ser el más grande millonario del país.

En acción de gracias Jacob ( que también se llamaba Israel), antes de morir les enseñó a sus hijos que siempre dieran para Dios la décima parte de su ganancias, y así lo han hecho siempre de sus ganancias, y así lo han hecho siempre los israelitas, y Dios los ha ayudado de tal manera, que siendo solamente 20 millones, poseen la cuarta parte del oro del mundo.

El niño Colgate al escuchar esta historia, se arrodilló con su cajita de jabón y oró así: " Oh Dios, si me sacas de esta pobreza en que me encuentro, yo te prometo que durante toda mi vida daré para tí la décima parte de todo lo que gane ". Y aquella noche en sueños oyó una voz que le decía: " Aprenda a fabricar jabones ". Al día siguiente fue a conseguir empleo en una fábrica de jabones. Le dieron el puesto de mensajero. Después le concedieron otro empleo mejor, y por su buena conducta fue ascendiendo. Y aprendió a fabricar jabones. Descubrió la fórmula del Jabón Palmolive, de la crema dental Colgate, y luego, con los detergentes se hizo millonario. Y él, y sus hijos, y ahora sus nietos, cumpliendo el juramento hecho, al hacer las cuentas de los negocios en sus fábricas de todo el mundo, le dan al Señor la décima parte de sus ganancias.

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