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LA IRA EN EL PROFETA JONÁS.

Número 867

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Las Escrituras enseñan que el problema que tenemos la mayoría de nosotros es que somos muy prestos a la ira, y que una vez se enciende la ira, arde más parecida a un fuego bravío de un bosque que a una fogata de campamento.

Cuando tomamos la ira en nuestras manos terminamos destruyendo a otros o a nosotros mismos, y generalmente a ambos.

Muchas depresiones son el resultado de la ira. Muchas personas deprimidas han elegido apagarse y no involucrarse en su mundo porque han descubierto que todos sus mejores esfuerzos para hacer que la vida funcione en sus términos han fracasado. Nada parece darles lo que desean profundamente, y abandonan. No hay esperanza.

Esa es una descripción del profeta Jonás al final del Antiguo Testamento que lleva su nombre (Jonás 4,1-10). Él quería que Dios destruyese la ciudad de Nínive. En lugar de ello, Dios la perdonó. Jonás estaba enojado con Dios. Estaba muy ocupado con su propio programa y no percibió en absoluto el compasivo corazón del Dios de Israel. La depresión del profeta fue alimentada con su obsesión por sus propias necesidades, las cuales lo cegaron para no ver las necesidades de los demás.

 

Los estallidos de ira son fomentados por el mito que dice: " Si quieres ser auténtico debes ser honesto acerca de tus sentimientos. No reprimas nada. Que todo el mundo se entere de cómo te sientes. Para deshacerte de la presión que crece dentro de ti, échala fuera ".

Aunque debemos aprender a expresar nuestros sentimientos, dicha expresión debe hacerse con discernimiento y consideración por los demás. Aquellos que expresan ira sin amor " descargan sus emociones ". Cargan su camión de basura emocional y lo descargan completamente en el jardín de otra persona.

Dios nunca nos da el lujo de expresar nuestras emciones sin considerar los daños ( Efesios 4,29). De hecho, el profeta Amós registró el espanto de Dios contra aquellos que dan rienda suelta a su ira sin compasión: " Así dice el Señor: Los de Edom han cometido tantas maldades que no dejaré de castigarlos; pues, espada en mano y sin compasión, persiguieron a sus hermanos israelitas. Dieron rienda suelta a su enojo, y su odio fue implacable. Por eso pondré fuego a Temán, y ese fuego destruirá los palacios de Bosrá ". ( Amós 1, 11-12)

Sólo Dios puede expresar juicio vengador. Sólo Él es paciente, amante y perfecto como para poder usar la ira para infligir a su pueblo el castigo que merece ( Romanos 12, 19).

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