Declaración de riquezas

Un inspector de impuestos fue un día a casa de un creyente pobre para establecer las tasas que éste debía pagar. Después de los saludos habituales, el funcionario le pidió que declarase lo que poseía. Cuando hubo enumerado los pocos bienes materiales que tenía, añadió: «Sin embargo soy un hombre rico». –Muy bien, haga la lista completa de lo que posee, por favor, insistió el funcionario. –Poseo la vida eterna; Dios lo dice en la Biblia (Juan 3:16). –Tengo una casa en el cielo (2 Corintios 5:1
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