Un hombre que molesta

Esta mañana iba en el metro, en París, cuando una señora entró y se sentó a mi lado. De repente dijo en voz alta: «¡Déjenlo tranquilo, no hace daño a nadie, no es malo!». Sorprendido, observé qué ocurría: un viajero hablaba con una voz bastante fuerte, y la persona que estaba detrás de mí quería llamar por teléfono a un agente de seguridad. ¿Qué decía el viajero? Presté atención y escuché que hablaba de Dios, del juicio venidero, que será mucho más terrible que todas las guerras por las que los
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