¡No erréis! (3)

Nos podría sorprender que la advertencia citada en el versículo de hoy esté dirigida a cristianos. Pero recordemos que nuestra naturaleza, corrompida desde nuestro nacimiento, no desaparece cuando nos convertimos; puede manifestarse en cualquier momento. Si dejamos actuar esta vieja naturaleza, puede llevarnos a cometer faltas graves. Por su parte, Dios no soporta el mal y no aceptará en su presencia a ninguna persona que esté contaminada por el pecado. Únicamente los que obtuvieron el perdón de
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