¡No erréis, o no os engañéis! (2)

Dios actúa con los hombres según ciertos principios. Uno de ellos es que cosecharemos lo que hayamos sembrado. Así sucede en la naturaleza: ¡si sembré trigo, no voy a cosechar maíz! Esto también es cierto en el plano espiritual. El que cree en Jesucristo recibe la vida eterna y el Espíritu Santo, pero también sigue teniendo hasta la muerte su naturaleza, la carne, que se opone a Dios. Es como un manzano que fue injertado: todo lo que crece a partir del injerto lleva buen fruto, pero los retoños
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