Devocionales

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Día 01

LOS CONSUELOS DEL SEÑOR

(Jesús dijo:) Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador... No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Juan 14:16, 18

A veces el cristiano se siente incomprendido y sin apoyo para resistir a las presiones de la vida. Su corazón, que antes estaba alegre, de repente se ve oscurecido por un dolor que ni siquiera podría compartir con un hermano en la fe. Pero el Señor sigue fiel; sigue siendo el amigo que “en todo tiempo ama”, y que “es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17). Muchos amigos pueden olvidarse de nosotros, o desaparecer, pero el Señor siempre estará con nosotros. Cuida de manera especial a los suyos que son huérfanos o que pasan por el duelo. Manifiesta la más tierna simpatía “al afligido que no tuviere quien le socorra” (Salmo 72:12).

A menudo, cuando nos vemos privados de lo que más amamos, hallamos en Jesús una felicidad de una frescura inimaginable. Sus palabras, al igual que toda la Biblia, se vuelven más valiosas para nosotros, y comprendemos mejor los pensamientos de Dios y su voluntad para nuestra vida. El Señor nos da esta promesa: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y... tomaréis consuelo” (Isaías 66:13). ¡Qué hermosa imagen de la fuerza y de la ternura de los consuelos del Señor!

¡Muchos creyentes no quisieran que sus circunstancias de vida difíciles cambiasen, si esto tuviese como consecuencia privarlos de los testimonios de amor y de simpatía del Consolador!

Un cristiano escribió: «Usted sabe desde hace mucho tiempo que es amado, pero la hora de la aflicción le hará descubrir la profundidad del amor del Señor Jesús».

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Día 02

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA

Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron (es decir: que han muerto) es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 1 Corintios 15:20-21

¡Estas palabras de Jesús cambiaron todo! Los creyentes que vivieron antes de la era cristiana tenían una idea muy imprecisa con respecto al destino de su cuerpo. Pero cuando Jesús apareció, el misterio fue revelado: el cuerpo mortal del creyente, aunque esté descompuesto y se haya convertido en polvo, será transformado y hecho semejante al “cuerpo de la gloria” del Señor Jesús (Filipenses 3:21), cuerpo espiritual, incorruptible e inmortal (1?Corintios 15:53). Mediante su propia resurrección, Jesús nos da la seguridad de que nosotros también resucitaremos.

Para el que cree en el Señor Jesús, la muerte no tiene ese “aguijón” (1 Corintios 15:55), es decir, ya no tenemos que tener miedo de ella. El creyente fue comprado, cuerpo, alma y espíritu. Cuando llegue el momento de la resurrección de vida, será transformado a la semejanza del cuerpo glorificado del Señor. Jesús mismo vendrá, no revestido de humillación y sufrimiento, como en su primera venida, sino que vendrá en gloria para llevar consigo al cielo a quienes rescató.

Amigo cristiano afligido por el duelo, quizás esté sumido en la amargura. ¡Pero si el ser querido por el que llora era un creyente, puede cobrar ánimo! La Palabra de Dios dice: Nuestro Salvador “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad” (2 Timoteo 1:10). Mientras está en el velorio, o al lado de la tumba, ¡recuerde que de ese mismo polvo, un cuerpo revivirá eternamente para alabar a su Dios redentor!

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Día 03

EL HOMBRE QUE SALIÓ DE LA TUMBA

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Juan 11:25-26

Juan 11:1-44

Lázaro, de Betania, había muerto después de una corta enfermedad. Sus dos hermanas, Marta y María, esperaron en vano la venida de Jesús, a quien habían reconocido como Mesías y le habían enviado un mensaje. Pero Jesús llegó demasiado tarde para curarlo. Lázaro estaba en el sepulcro desde hacía cuatro días.

Cuando llegó a la tumba donde habían depositado el cuerpo, Jesús lloró. Oyó los comentarios de los que lo rodeaban: “¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?”. Sin duda el Señor hubiese podido curar la enfermedad, como lo había hecho tantas veces, pero iba a hacer mucho más.

“Quitad la piedra”, ordenó. Marta le respondió, pensando que era demasiado tarde, que la situación era irreversible. Entonces Jesús alzó los ojos al cielo y dijo: “Padre, gracias te doy por haberme oído”. Podemos adivinar la sorpresa de los asistentes. ¿Qué significaba esta oración? ¿Había habido un cambio? El cadáver seguía ahí... ¡No había ninguna señal de vida! El Señor expresó su comunión con su Padre y su perfecta dependencia de él para que sirviese de testimonio a la gente. Luego habló con autoridad: “¡Lázaro, ven fuera!”. ¡Y el muerto salió de la tumba!

Pasaje impresionante que ilustra la realidad de la resurrección y anticipa la del Señor y la nuestra. Esta historia también muestra la perfecta simpatía de Jesús por sus amigos sumidos en el duelo, su total confianza en su Padre y el poder de su palabra.

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Día 04

NOS LLEGARÁ NUESTRO TURNO 

No hay hombre que tenga... potestad sobre el día de la muerte. Eclesiastés 8:8

Nuestro Salvador Jesucristo... quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. 2 Timoteo 1:10 

Marcos, inclinado hacia la tumba donde el ataúd de su padre acababa de ser puesto, permaneció silencioso. Luego se dirigió a mí y me dijo: «Nos llegará nuestro turno». Mi amigo había perdido a su mujer hacía algunos meses, y ese nuevo duelo confirmaba la solemne declaración de la Escritura: “No hay hombre que tenga... potestad sobre el día de la muerte”.

¿Cómo esperamos nosotros ese final de nuestra existencia terrenal? ¿Buscamos alejar de nuestros pensamientos la llegada de la muerte, tratando de distraernos y disfrutando de la vida? Cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Estoy listo para encontrar a Dios? ¿Recibí la vida que viene de Dios, la que Jesús comunica? Debido a nuestros pecados merecemos su juicio, pues “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Pero Jesús nos dice: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

¿Ha reconocido su estado de culpabilidad ante Dios y ha aceptado el valor del sacrificio de Jesús en la cruz? ¡Hay que darse prisa; para cada uno de nosotros ya empezó la cuenta regresiva! ¡Sí, nuestro turno llegará!

Sin embargo, para los creyentes, la vida en la tierra puede terminar sin que llegue la muerte, pues esperamos el regreso del Señor Jesús, quien “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21).

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Día 05

¡NI CONDENADO, NI SIQUIERA JUZGADO!

(Jesús dijo:) De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Juan 5:24

Juicio y condenación tienen un sentido diferente. El juicio precede una eventual condena. El juicio del que la Biblia nos habla es aquel en el cual cada ser humano comparecerá ante Dios como un acusado. La condenación es el veredicto del juicio, juicio definitivo, sin apelación posible, porque es Dios quien lo pronuncia.

El creyente, nacido de nuevo, comparecerá ante el tribunal de Cristo, pero no como acusado para ser juzgado. Al contrario, se presentará como una persona perdonada, y más aún, como un justo, porque sus pecados fueron perdonados. Toda su vida pasará ante sus ojos, bajo el enfoque de la santidad y de la gracia de Dios. “Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).

El creyente nunca irá, pues, a juicio, sea debido a su mala naturaleza o a sus pecados. Pero, ¿quién hace tal declaración? ¡El Juez supremo! (Juan 5:22). Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió (Dios), tiene vida eterna; y no vendrá a condenación” (Juan 5:24).

Como víctima expiatoria en la cruz, Jesús “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo” (1 Pedro 2:24). Perdona sin enjuiciar a aquellos por quienes murió. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Tenemos la seguridad de que no hay condenación, ni siquiera juicio, para nosotros los creyentes, ni ahora ni en el futuro.

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Día 06

¿ESTÁ USTED PREPARADO?

Prepárate para venir al encuentro de tu Dios. Amós 4:12

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10:9

Temprano en la mañana, Beatriz recibió una llamada telefónica anunciándole una terrible noticia. Uno de sus amigos, Manuel, un joven con quien había pasado la tarde del día anterior en compañía de otros jóvenes, murió en un accidente al regresar a su casa. Paralizada por la noticia, Beatriz recuerda a Manuel, ayer alegre y lleno de vida... ¡ahora muerto! «¡Es terrible!», murmuró. Conmocionada, pensó: «¿Y si yo hubiese estado con él en el automóvil?». De repente escuchó una voz proveniente del exterior y que la hizo sobresaltar: –Beatriz, ¿estás lista? Era la voz de su compañera de trabajo que, como cada mañana, venía a buscarla.

–¡No, todavía no estoy lista, espera un momento!, respondió.

«Beatriz, ¿estás lista?». Esta sencilla pregunta, hecha por su compañera cada mañana, tomó un sentido totalmente diferente en ese momento. Era como si otra persona le hablase, y de un tema muy diferente: el de su muerte. ¿Estaba preparada para morir, para ir a la presencia de Dios? Ante sus ojos pasaron sus pecados, su frivolidad, el vacío de su vida, la incertidumbre con respecto al más allá...

Ahora Beatriz puede responder a esta pregunta, pues depositó su confianza y su fe en Jesucristo. Con la seguridad de que Jesús salvó su alma al llevar sus pecados en la cruz, puede decir: ¡Sí, estoy lista!

“El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes... vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta” (Mateo 25:1, 10).

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Día 07

UNA PÁGINA DE ORÍGENES

Los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Mateo 14:26-27 

Lea Mateo 14:22-36

«Si un día somos sorprendidos por inevitables pruebas, recordemos esto: Jesús nos ordenó embarcarnos y quiere que le precedamos “a la otra ribera”. Es difícil, en efecto, para quien no soportó la prueba de las olas y del viento contrario, poder llegar a esa orilla.

Así, cuando nos veamos rodeados por múltiples y dolorosas dificultades, cansados de navegar en medio de ellas con la pobreza de nuestros medios, imaginamos que nuestra barca está en medio del mar, zarandeada por las olas que quieren hacernos naufragar “en cuanto a la fe” (1 Timoteo 1:19).

Cuando confrontados a estos sufrimientos hayamos combatido durante largas horas de la oscura noche que reina en los momentos de prueba, cuando hayamos luchado tratando de evitar el naufragio de la fe, estemos seguros de que hacia el final de la noche, cuando despunte el día (Romanos 13:12), el Hijo de Dios vendrá a nosotros, caminando sobre las aguas, para hacer que el mar se calme.

Cuando lo veamos aparecer, quizás tendremos miedo, hasta que comprendamos claramente que es el Salvador que está presente. El viento se calmará; y comprendiendo de qué peligros escapamos, adoraremos a Jesús diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios».Orígenes (Alejandría, 183-253 

El Señor “cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban” (Salmo 107:29-30).

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Día 08

QUEJAS ESTÉRILES U ORACIONES SINCERAS 

Invoqué en mi angustia al Señor, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Jonás 2:2, 7

Bueno es el Señor a los que en él esperan, al alma que le busca. Lamentaciones 3:25

Un libro de la Biblia fue titulado: “Lamentaciones de Jeremías”. Sin embargo estas lamentaciones no son lloriqueos. El profeta expresa, llorando, su tristeza, pero no para quejarse, sino para orar a Dios ante los sufrimientos reales y profundos de su pueblo.

¡A menudo nuestras quejas son completamente distintas! Nos quejamos un poco de todo, y sobre todo de los demás. Nos entristecemos y entristecemos a los que nos rodean.

En la Biblia, la lamentación no es una recriminación, sino una oración. Es la súplica de un creyente cuando pasa por grandes sufrimientos y pide la simpatía y la ayuda de Dios. Así oraron creyentes como Job, Ezequías, Jeremías, Jonás... Lloraron y dijeron a Dios aquello que no podían decir a ninguna otra persona. Sus “lamentaciones” no eran resignación ni una rendición, sino el lenguaje de su fe en una situación extrema que no comprendían.

Aprendamos a reemplazar nuestras quejas estériles por oraciones sinceras, incluso expresadas en “lamentaciones” y súplicas. En medio del sufrimiento, en vez de dar curso a la crítica o al resentimiento, dejémonos penetrar por la Palabra de Dios, viva y eficaz. Entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

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Día 09

¿POR QUÉ DIOS PERMANECE SILENCIOSO?

¿Por qué dices... de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Isaías 40:27-28

¿Por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones. Job 33:13

A veces definimos el silencio como el hecho de no hablar, de no expresar nada. De ahí sale la amalgama demasiado rápida: silencio igual a ausencia; y muchos piensan: «Dios calla, por lo tanto no existe». Otros se hacen sinceramente la pregunta: «¿Por qué Dios permanece callado?».

Efectivamente, Dios no nos explica todo. Quizás usted haya subido a un avión, pero muy pocos de nosotros han tenido el permiso para entrar en la torre de control del aeropuerto, donde los controladores aéreos guían los movimientos de los aviones, los despegues y los aterrizajes. No podemos estar en el lugar donde se deciden esos desplazamientos, ni saber por qué, cuándo y cómo son dirigidos aquí o allí. Sabemos que es en esa torre, a la que no tenemos acceso, donde se decide todo. Solo los controladores conocen las razones de las idas y venidas de cada avión. En esa torre residen los porqués, las explicaciones a los movimientos de cada uno de los aviones.

Nosotros, los seres humanos, no estamos admitidos en la «torre de control» de Dios. No se nos comunican los porqués y para qué, las causas primeras de todo, las razones profundas de tal deceso, de tal accidente o de tal separación. No nos desanimemos ni nos culpabilicemos ante el silencio de Dios en la prueba. Él nos dice todo lo que es bueno que sepamos. ¡Podemos confiar en él totalmente, pues nos ama!

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Día 10

REUNIDOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESUCRISTO

Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mateo 18:20

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana... vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Juan 20:19

Un predicador y evangelista muy conocido en China insistía en la importancia para los creyentes de no quedarse solos, sino de reunirse en el nombre del Señor Jesús.

Esta enseñanza tuvo por resultado la formación de un gran número de «iglesias de casa», poco antes de la revolución comunista. Esas iglesias aún subsisten en la clandestinidad, y han permitido la continuidad del testimonio cristiano en China. Dios había preparado esa enseñanza apropiada para todos los tiempos y, en especial, con miras a los períodos de persecución.

A menudo la Biblia menciona iglesias que se reunían en las casas de los creyentes al principio del cristianismo. Luego, y esto a lo largo de la historia de la Iglesia, los cristianos aislados o perseguidos se reunieron frecuentemente en pequeños grupos en las casas para estudiar la Biblia, orar y alabar a Dios. Allí, mientras a su alrededor todo era oscuridad, experimentaron la dulzura de la presencia de su Señor.

No esperemos a ser perseguidos para tener esta experiencia; seamos diligentes para reunirnos con otros creyentes. Hagámoslo contando solo con el Señor y velando humildemente para vivir lo que la Palabra de Dios nos enseña con respecto a este tema. El Espíritu Santo nos hará experimentar una paz y una felicidad sin igual. Comprobaremos que Jesús cumple su promesa y está en la cita que dio a los suyos reunidos únicamente en su nombre.

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Día 11

¿DÓNDE VIVE DIOS?

Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.  Isaías 57:15

Nuestro Dios vive en dos moradas que forman un contraste absoluto: el cielo y el corazón del hombre, más exactamente el corazón del que está abatido y que siente el peso de sus pecados.

Si es difícil evaluar la distancia que nos separa de las estrellas, todavía es más difícil imaginar la distancia que separa a la criatura del Creador, al hombre pecador del Dios santo, con el que no está reconciliado. Sin embargo, Dios desea vivir con aquel que tiene un espíritu contrito y humillado. ¡Qué increíble e inimaginable humildad! ¡El Dios todopoderoso quiere vivir con la debilidad, el Dios infinito con su criatura, y la divinidad con el polvo!

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”, decía el rey David (Salmo 8:4). Nosotros podemos, pues, decir: «Señor, forma mi corazón para que pueda vivir contigo; destruye en mí todo pensamiento de orgullo; hazme humilde. Recuérdame que dependo de tu bondad; ayúdame a comprender que mi vida, mi salud, mi fuerza y mi mente están en tu mano. Mi fuerza puede dejarme, mi inteligencia declinar y mi vida interrumpirse, pero estoy en tus brazos».

Cada instante necesitamos la gracia y el amor; estos nos liberan. Permanezcamos por la fe en la presencia de Aquel que se humilló hasta la cruz, y que ahora está en la gloria. ¡Es allí donde aprendemos la verdadera humildad!

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Día 12

DIOS SE DA A CONOCER

¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Job 11:7

Yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo el Señor, y fuera de mí no hay quien salve. Isaías 43:10-11

Pretender descubrir a Dios mediante su propia inteligencia, ¿no es hacerse igual a Dios, o incluso ponerse por encima de él para juzgar quién es? Sin embargo, muchas personas se niegan a reconocer que por encima de ellas hay un Dios al que no pueden representarse. ¡Es una actitud ilógica y pretenciosa! ¿Qué diríamos de alguien que, teniendo una balanza que solo permite pesar un kilo, afirma que no es posible que existan objetos que pesen una tonelada?

El hombre no puede descubrir a Dios a menos que Dios se le revele. Sin esto solo puede construir teorías que corresponden a su condición moral, a su disposición natural, a la época en la que vive o a las influencias a las que ha sido expuesto... Esto, obviamente, va a variar de un individuo a otro. Cada uno se crea un dios a su imagen, de ahí viene la extrema diversidad de religiones y culturas.

A través de la creación, Dios se da a conocer mediante su poder y su sabiduría infinitos. Fue él quien puso al hombre en el inmenso universo, y más particularmente en este marco maravilloso que constituye la naturaleza. Desde hace siglos, Dios se da a conocer mediante las revelaciones que hizo escribir y que componen la Biblia. Ella nos habla de un Dios que se interesa en nuestros actos, palabras y pensamientos, y que conoce nuestras aspiraciones más profundas. Él es demasiado grande para que podamos descubrirlo por nosotros mismos.

Se dio a conocer en Jesucristo, su Hijo, suprema revelación de Dios.

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Día 13

LA FE DE LOS PADRES ES UN EJEMPLO (1)

Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro. Génesis 24:12

En la primavera del año 1945, después de años de guerra, en Europa, poco a poco la vida volvió a la normalidad. Las condiciones materiales mejoraron mucho, pero el racionamiento seguía, y para la madre de familia que debía alimentar cada día siete bocas, la cosa no era fácil.

El coche de la familia, que se había estropeado mucho durante las hostilidades, podía circular nuevamente. ¡Para nosotros los niños, esa primera salida fue una fiesta! Tenía el objetivo preciso de buscar, en el campo, algunas patatas para completar la alimentación ordinaria. Desde nuestra más tierna infancia habíamos sido testigos de la fe de nuestros padres. Antes de salir, oramos juntos para pedir al Señor su ayuda y protección.

Después de algunos kilómetros de recorrido, al borde de la carretera, un automovilista trataba de remplazar una llanta pinchada.

–¡Papá, viste, ese hombre solo tiene un brazo!, exclamó mi hermano menor. Rápidamente dimos media vuelta y nos dirigimos al automóvil averiado. –¿Podemos ayudarle, señor?

–¡Por supuesto, muchas gracias! Y la llanta fue cambiada rápidamente.

No recuerdo la conversación que siguió, pero todavía veo a aquel hombre dar a mi padre una tarjeta en la que escribió unas palabras. Luego nos fuimos a la dirección indicada. Al llegar allá, las instrucciones anotadas en la tarjeta fueron ejecutadas rápidamente, y un gran saco de patatas fue colocado generosamente en nuestro maletero.

(mañana continuará)

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Día 14

LA FE DE LOS PADRES ES UN EJEMPLO (2)

Confiad en el Señor... Bendecirá a los que temen al Señor, a pequeños y a grandes. Salmo 115:11, 13

Un tanto sorprendidos por lo que había sucedido, sentimos la necesidad de agradecer juntos al Señor por haber permitido aquel feliz encuentro.

Este hecho, ocurrido hace más de setenta años, todavía está presente en mi memoria. En numerosas ocasiones, en la vida de cada día, mis padres me mostraron la realidad de la fe y las respuestas que el Señor da. ¡Les estoy profundamente agradecido!

Es cierto que la fe de mis padres, por viva que haya sido, no me comunicó la vida; no hizo de mí un hijo de Dios. Tuve que reconocer ante Dios que era pecador e ir a Jesús, único camino que dio al hombre para acercarse a él, para ser salvo. Fue necesario que la gracia divina actuase en mí y hallase una respuesta en mi corazón.

La obra de Dios es indispensable, pero la responsabilidad de los padres es muy importante. Un cristiano es ante todo un testigo de Cristo y tiene la misión de darlo a conocer. Si Dios le confió hijos, ese es su primer campo de misión. ¿Cuál es el primer testimonio que Dios pide a los padres? El ejemplo: mostrar que tenemos un Maestro al que amamos, a quien obedecemos, a quien hablamos, el cual nos oye y nos responde... todo esto en estrecha relación con la Biblia, su Palabra, leída y explicada en familia.

Padres cristianos, si vivimos nuestra fe en familia, ella iluminará los motivos que nos guían para la educación de nuestros hijos, y les mostrará el camino en el cual Dios quiere bendecirlos.

De Abraham Dios dijo: “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del Señor” (Génesis 18:19).

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Día 15

SORPRENDIDOS POR DIOS

Así asombrará él a muchas naciones. Isaías 52:15

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina. Mateo 7:28

A los niños les encantan las sorpresas, los adultos las aprecian menos, pues les gustaría que todo llegase como fue previsto, deseado. Efectivamente, a veces hay malas sorpresas: la noticia de un accidente, de una enfermedad... pero también hay buenas sorpresas.

«Dios siempre es imprevisible, sorprendente», escribió André Frossard, escritor francés. Ante esta sorpresa, este asombro ante la acción divina, algunos se alejan y otros, por el contrario, se abren a la fe y adoran.

John Newton es el compositor del célebre cántico: «Amazing grace»: «¡Maravillosa gracia!», compuesto para el día de Año Nuevo de 1773. Él mismo pudo decir: «¡Era perdido y fui hallado! ¡Fui ciego y ahora veo!». Su conversión fue un cambio total. Como marinero, participaba en el mercado de esclavos. Durante una fuerte tempestad, aterrorizado, imploró la ayuda de Dios. Este hecho lo llevó a convertirse. Luego abandonó la marina para servir al Señor.

Sorpresa en la conversión, cuando vamos a Dios. A menudo las lágrimas corren por nuestras mejillas ante lo que durante tanto tiempo permaneció oculto.

Tenemos sorpresas a lo largo de nuestra vida: a veces al descubrir un versículo de la Biblia en el que nunca nos habíamos fijado o cuando somos testigos de las respuestas de Dios, que nos sobrepasan y nos llevan a adorar.

La vida cristiana no transcurre sin imprevistos ni novedades. Es un camino en el que aprendemos de mil maneras a conocer el amor de Dios, es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18).

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Día 16

CREO, SEÑOR; Y LE ADORÓ

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Juan 9:1-2

(El ciego curado exclamó:) Creo, Señor; y le adoró. Juan 9.38

Lectura propuesta: Juan 9

El sufrimiento sigue siendo un enigma para muchos de nosotros y no deja de suscitar numerosas preguntas. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Es preciso subrayar que los discípulos (y su pregunta revela una actitud comúnmente extendida) no preguntaron por qué el hombre era ciego, sino quién había pecado, como si la condición de ese hombre estuviese ligada al pecado de alguien. Luego Jesús devolvió la vista al ciego, y esto suscitó otras preguntas. Los vecinos se sorprendieron, los jefes religiosos no podían aceptar la idea de una intervención divina. Pero entre negarse a creer y la evidencia de la sanidad, la confusión se instaló y los hombres fueron incapaces de explicar aquel acontecimiento.

¡Qué contraste con la mirada que Jesús dirigió a ese hombre! Desde el principio de la escena, anunciando el milagro había dicho: “Para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3), haciendo hincapié sobre los efectos o consecuencias que Dios quería producir. Si bien las causas eran difíciles de captar, si el origen de la ceguera no estaba al alcance de la inteligencia humana, cada persona, sin embargo, podía ser un testigo de la sanidad y de la intervención divina, de la gracia que operó por medio de Jesús.

Los ojos del ciego se abrieron ante esta dulce evidencia. El hombre Jesús, que apareció una segunda vez ante él, en su camino, fue saludado como el Señor. La luz que surgió del milagro reveló la verdadera identidad del Hijo de Dios.

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Día 17

¿QUIÉNES SON LOS VERDADEROS ADORADORES?

La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Juan 4:23

El principio mismo de la mayoría de las religiones consiste en realizar obras y ritos, los cuales hay que cumplir obligatoriamente para apaciguar al Ser supremo y satisfacer su justicia. Incluso los paganos llevan ofrendas a sus ídolos para que les sean favorables.

Pero no es por esas razones interesadas que nosotros, los cristianos, rendimos culto a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo. No lo alabamos para ser salvos, protegidos o liberados, sino porque lo somos. Por nosotros mismos no podemos hacer nada para obtener nuestra salvación: ni amar a Dios, ni agradarle, ni obedecerle. Fue Dios quien hizo todo al darnos un Salvador.

El culto que rendimos a Dios es simplemente la expresión de nuestro agradecimiento, la ocasión de celebrar su grandeza. Insistamos sobre esta diferencia fundamental entre el verdadero culto y lo que entendemos generalmente por la práctica de una religión. En tal práctica, el hombre quiere llevar algo a Dios y piensa que Dios lo tendrá en cuenta perdonándolo y ocupándose de él.

Pero comprendamos que fue Dios quien empezó obrando en gracia para con nosotros, y que debemos creer y darle las gracias por lo que Él es y lo que hizo. Nuestro amor, que se expresa en alabanza, es solo la justa respuesta al suyo. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Eso tendría que expresarse también de forma natural en nuestra manera de vivir y actuar. ¡Que cada uno de nuestros actos honre a nuestro Dios salvador!

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Día 18

UN VACÍO EN EL CORAZÓN

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27

Una revista que promueve las prácticas de relajación muestra a una persona sentada, con las piernas cruzadas, las manos abiertas sobre sus rodillas y los ojos cerrados. Inmóvil, esta persona hace el «vacío», tratando de olvidar así todo lo que la angustia o la carga en su vida.

Viendo esta foto me doy cuenta del privilegio inestimable del cristiano. ¡Qué inmensa gracia conocer al verdadero Dios por Jesucristo, poder comunicarse con él como lo hace un hijo con su Padre! En lugar de buscar ese pretendido vacío, en una forma de recogimiento centrado sobre uno mismo, puedo orar a mi Salvador, quien me ama y me escucha. Tengo la libertad de contarle mis preocupaciones, aquello que me oprime y me inquieta. Tengo el gozo de darle las gracias. Solo él puede llenar mi corazón y darme una paz interior real, que nada ni nadie me pueden quitar.

El que conoce al verdadero Dios y su amor mediante Jesucristo el Salvador, no necesita practicar métodos que pueden esconder un real peligro. Insidiosamente estas prácticas podrían hacernos abandonar el control de nuestras facultades mentales para dejarlo a merced de poderes ocultos. La tranquilidad y la serenidad inducidas por esas técnicas de relajación, que actúan en los pensamientos del hombre y en su comportamiento, no tienen nada que ver con la paz que da el Espíritu de Dios: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz...” (Gálatas 5:22). Solo Cristo puede liberar de sus angustias a un corazón, para llenarlo de su amor.

“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Juan 15:9).

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Día 19

AQUEL QUE VE EN EL CORAZÓN

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo? Juan 4:28-29

Cerca de un pozo, una mujer acababa de encontrarse con Jesús. Él se le reveló como aquel que conoce los secretos de los corazones y da el agua de la vida. Ahora ella estaba convencida de que él era el Cristo. Pero, ¿cómo comunicar esta buena noticia a su entorno? Podría tratar de describirlo, o hablar de lo que le había enseñado. Sin embargo fue más simple, más directa, más convincente. Dio como único argumento: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”. Consideró que un hombre que conocía los secretos profundos de su vida era mucho más que un hombre: solo podía ser el Mesías, como él le había dicho. ¡La mujer tenía razón!

Nadie puede leer el corazón, excepto Dios. Él tiene un pleno conocimiento de lo que es el corazón humano, y lo comparte con nosotros. La Biblia es su mensaje escrito para cada uno de nosotros. Leída atentamente pone al descubierto nuestros pensamientos, sentimientos, deseos, afectos, nuestros sueños y las partes más secretas de nuestro ser moral. Al leerla nos encontramos en la presencia de Dios y experimentamos su poder. Una sola frase puede bastar. Un versículo, una sencilla expresión, como una potente linterna, iluminarán nuestro ser interior. ¡No nos desviemos! ¡Si bien la Palabra de Dios descubre el mal, también nos da el remedio de Dios!

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos... Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:12, 16).

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Día 20

SU PRESENCIA ADMIRABLEMENTE FIEL

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Salmo 23:4

«Desde que tengo memoria de ello, creo en Aquel cuya presencia es admirablemente fiel. Esta presencia que me acompaña a pesar de mis preguntas, mis dudas, mi ingratitud, es la del Dios creador y redentor, del Resucitado vencedor de la muerte.

Lo que la ciencia nos aporta sobre el universo, sobre nuestros cromosomas, no pone en duda mi fe en Jesucristo. Cuanto más leo, cuanto más escucho a aquellos que me ayudan a comprender el mundo, más claro me parece el hecho de que la fe, que comparto con millones de hombres y mujeres de ayer y de hoy, es un regalo de Dios. Creo en Dios porque viví y vivo del gozo que va unido al agradecimiento por sus dones. Ese gozo no pone trabas a la conciencia de mi debilidad. Mi confianza reside en la compasión y en la fidelidad del Redentor. Sin embargo, cuanto más creo en la fidelidad divina, menos digna me creo de ella. Mi fe a menudo es tan pequeña... Tengo la impresión de dar a Dios tan solo un consentimiento en migajas...

Creo que he podido confiar totalmente en Dios solo en medio del sufrimiento. Sufrimiento agudo ante el dolor de aquellos a quienes amamos, sin poder ayudarles. Entonces, toda sabiduría humana es irrisoria. En esos momentos solo podemos hallar la paz en el amor de Cristo, al aceptar seguirlo allí donde nos preced

¡Señor, abre mi corazón al verdadero amor, y hágase según tu voluntad!».

Michèle M.

“El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré” (Salmo 28:7).

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Día 21

ENGAÑO PARA EL OJO

Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran. Marcos 7:6-7

El que camina en integridad anda confiado. Proverbios 10:9

El enchapado, en ebanistería, consiste en recubrir mediante encolado una madera ordinaria o un aglomerado con una fina plancha de madera de una especie más noble: nogal, palisandro, caoba... Los muebles fabricados a partir de planchas recubiertas de esta forma dan la impresión de estar totalmente hechos de una madera fina. ¡Pero no trate de limarlos o cepillarlos, pues rápidamente aparecerá la madera ordinaria!

Nuestro cristianismo, ¿es un «enchapado de piedad»? Exteriormente nuestra conducta es honorable, frecuentamos los servicios religiosos, contribuimos con las obras caritativas... Pero todo esto puede ser superficial.

A veces las pruebas de la vida cumplen la función de la lima o del cepillo. Si aparece una dificultad en la que la fe, el amor, la piedad, la paciencia deberían mostrarse, y nuestro cristianismo no es real, ¡la fina capa religiosa desaparece! Las bases de la vida divina, las relaciones conscientes con Dios mediante el Espíritu Santo, fuente de esta vida, ya no están o perdieron una parte de su realidad por un tiempo, y aparece el fondo natural.

La religión forma parte de la vida social: para muchos constituye una capa de honorabilidad. Pero, ¿qué piensa Dios de ese barniz de piedad? ¿Puede conformarse con él? ¡De ninguna manera! Él quiere “la verdad en lo íntimo” (Salmo 51:6). ¡Así es cómo experimentamos la serenidad y la confianza en Dios!

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Día 22

LA MADERA DE CEDRO

El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Salmo 92:12

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:29, 31

¡Allí estaba la pirámide más antigua del mundo! Se decía que tenía más de 4.000 años. Nuestro grupo escuchaba atentamente al egiptólogo darnos todos los detalles históricos concernientes a ese gigantesco edificio. Luego señaló un punto particular, y todas las miradas se dirigieron hacia algo color marrón que no era de piedra. Nuestro guía nos explicó: «Son vigas de madera de cedro del Líbano; fueron transportadas hasta aquí en barco, y se han conservado durante 4.000 años sin pudrirse».

El cedro es un árbol de crecimiento lento, cuya madera resiste especialmente a la podredumbre y a las agresiones de los insectos.

Amigos cristianos, a veces nos parece que nuestro crecimiento y desarrollo espirituales llevan mucho tiempo. ¡Pero nuestra formación dura toda nuestra vida! No somos nosotros los que debemos observar y evaluar nuestro desarrollo espiritual. Dejemos esto al Señor y tratemos de agradarle cada día. Estamos en la escuela de un Dios paciente y sabio. Ahí, ante nuestras responsabilidades diarias, en el trabajo, en la familia, somos formados por él para tener más comunión, más dependencia y confianza solo en él.

“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, escribió el apóstol Pablo (Filipenses 1:6). Oremos al Señor Jesús, leamos su Palabra, reunámonos con otros cristianos, y “no nos cansemos, pues, de hacer bien” (Gálatas 6:9).

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Día 23

¿DE DÓNDE VIENE NUESTRO VALOR?

No temas... yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú... a mis ojos fuiste de gran estima... y yo te amé. Isaías 43:1, 4

El director de una clínica psiquiátrica, en Alemania, denuncia unas treinta ideas falsas que creemos ser ciertas y que, en cierta medida, condicionan nuestras decisiones. Una de ellas concierne a nuestra capacidad y al éxito. «Mucha gente, escribe, cree que su valor depende de sus capacidades en uno u otro ámbito. Cuando tienen que enfrentarse al fracaso, pueden llegar hasta el suicidio».

Desde el punto de vista económico, decir que el valor de una persona depende únicamente de sus capacidades en el trabajo puede parecer pertinente. Pero es dejar de lado otras cualidades como la sinceridad, el dominio propio, la honestidad, la humildad, etc. ¡Todos estos aspectos también participan en el éxito tanto individual como colectivo!

Sea como fuere, el mensaje de la Biblia es completamente diferente. Nos dice que nuestro valor no proviene de lo que hacemos, sino que nos es dado por Dios. Somos valiosos ante sus ojos porque él nos ama. Nos ama tanto que dio a su Hijo unigénito para salvarnos. Y si aceptamos ese don de Dios, si creemos en el Señor Jesús, somos adoptados por Dios. Nuestro valor no viene de nuestras capacidades, de nuestras cualidades naturales, sino del hecho de ser hijos e hijas del Dios de amor. Nuestra dignidad no está basada en la mirada del prójimo, sino en el hecho misterioso y extraordinario de haber sido amados, creados y redimidos por Dios.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo... en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:3, 5).

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